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Friday, November 15th, 2019

Los 'souvenirs' más baratos de las ciudades más caras del mundo

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by August 10, 2016 General

Antes de lanzarse a la aventura de visitar lugares desconocidos, es recomendable que sepa a qué se atiene cuando pide un café en un bar de Hong Kong o entra en una de las discotecas de moda de Singapur. Ojo, la broma puede trastocar hasta el presupuesto de viaje más concienzudo. Hace unas semanas se hacía pública la lista de las ciudades más caras del mundo que elabora todos los años la consultora Economist Intelligence Unit. ¿El resultado? Por tercer año consecutivo, Singapur lidera el ranking que, este año, incluye cinco ciudades europeas (Zúrich, Ginebra, París, Londres y Copenhague), tres asiáticas (Singapur, Hong Kong y Seúl) y dos estadounidenses (Nueva York y Los Ángeles). Sin embargo, todavía es posible viajar a estas ciudades donde el ahorro es una utopía y volver con las maletas cargadas de los recuerdos más típicos de cada lugar sin que apenas nos descuadre el cálculo de gastos previstos. 

Estas son las gangas para regalar a la familia que puede encontrar en las diez ciudades más caras del mundo:

1. Un león con cuerpo de pescado en Singapur (Singapur). Ir a tomar algo a cualquier garito que esté de moda en Singapur puede convertirse en una experiencia por la que uno no quiera volver a pasar. ¿El motivo? Los 20 euros, como mínimo, que le pedirá el camarero por una copa a la que apenas le ha echado alcohol. La ciudad cuyo símbolo es el Merlion, algo parecido a un león –Singapur significa “cuidad de león”– con cuerpo de pez que representa sus orígenes como pueblo pesquero, da tregua a sus turistas, que no podrán beber sin dejarse los ahorros pero sí encontrarán souvenirs protagonizados por este Merlion a un precio asumible. Desde imanes a camisetas, repartidas por cada puesto turístico de la ciudad donde únicamente le pedirán 1,30 euros por una estatuilla de esta criatura.

Estatuilla del Merlion, símbolo de Singapur. Istock

2. Una navaja multiusos en Zúrich (Suiza). En la ciudad más grande de Suiza, la docena de huevos cuesta más de tres euros (en España ya es cara la docena que sale por euro y medio), sí ha leído bien. Suiza es famosa, entre otras cosas, por sus reconocidas navajas multiuso Victorinox, que se venden por todo el país y no es raro que los turistas regresen a casa con varias de ellas en la maleta. Una icónica navaja roja de esta marca –de la gama más sencilla– puede conseguirse por sólo 9,5 euros. Poco más de lo que cuesta hacer varias tortillas para la familia en la ciudad suiza. Eso sí, las navajas equipadas con más accesorios pueden alcanzar los 260 euros.

Navaja suiza Victorinox.

3. Un imán con forma de empanadilla en Hong Kong (China). En Hong Kong, uno debe analizar bien cuánto le apetece tomar un café con leche antes de pedírselo al camarero. Allí, disfrutar de esta bebida en una cafetería tiene un precio considerable, exactamente siete euros. Esta isla, ubicada al sur de China, ofrece uno de los platos más típicos de la gastronomía asiática, el dim sum. Unas empanadillas cocinadas al vapor y rellenas de carne o verduras que suelen comerse a cualquier hora de día. El furor que causan dentro y fuera de las fronteras del país ha llevado a los fabricantes de souvenirs a emplear la forma de estas empanadillas para hacer, entre otras cosas, llaveros, figuritas e imanes. Estos últimos son los más populares y, a diferencia de una taza de café con leche, son muy asequibles. Cada unidad sale por un euro aproximadamente.

Imán de dim sum.

4. Un cencerro en Ginebra (Suiza). Otra cuidad suiza que entra en el ranking de las más caras del mundo. Esta vez, se trata de Ginebra. Aquí una barra de pan, por ejemplo, cuesta 2,5 euros. Y una entrada de cine llega a los 16 euros. Pocas cosas son más típicas de Suiza que los cencerros que cuelgan del cuello de las vacas, animales que adornan cada verde prado del país. Estas campanillas tan características pueden comprarse en cualquier establecimiento o mercadillo de Ginebra por menos de dos euros –el precio medio es de 1,8 euros–.

Miniaturas de los clásicos cencerros suizos. Istock

5. Una Torre Eiffel en miniatura en París (Francia). Para poder disfrutar de una cerveza en un bar de París hay que estar dispuesto a pagar por ella una media de cinco euros. La ciudad presidida por la imponente Torre Eiffel, uno de los monumentos más visitados y fotografiados del mundo, ofrece a todos sus visitantes la oportunidad de llevarse una réplica de la torre a cualquier escala. Las de tamaño más pequeño pueden conseguirse desde un euro en cualquier tienda, mercadillo o en las sábanas de muchos vendedores ambulantes.

Llavero de la Torre Eiffel. Istock

6. Una cabina telefónica en Londres (Reino Unido). En esta ciudad, moverse en coche es un auténtico lujo. Y no sólo por el impuesto que debe pagarse para tener derecho a circular por el área más céntrica de la ciudad. En Londres, el alto precio del litro de gasolina (cuesta casi un euro y medio) anima a los conductores a cambiar el coche por un paseo en bicicleta. Sin embargo, es posible comprar algún recuerdo para familiares y amigos sin tener que hipotecar el piso. Las características cabinas telefónicas rojas de Londres se han convertido en imanes, llaveros, figuritas, colgantes, e incluso en peluches, que invaden cada tienda de souvenirs de la ciudad. Puede hacerse con un llavero de la típica cabina londinense por sólo 3,80 euros.

Llaveros con las tres cosas más inglesas que se pueden encontrar: un autobús rojo de dos pisos, una cabina de teléfono y la bandera del Reino Unido. Istock

7. Una camiseta que reza “I (corazón) New York” en Nueva York (EE.UU). Alquilar un piso en Manhattan es algo que la mayoría de los mortales no puede permitirse. Una casa estándar de dos habitaciones requiere una inversión mensual de 4.000 euros. Sin embargo, uno puede regresar del viaje con los brazos cargados de camisetas con la mítica frase “I love New York” para sobrinos, madres, hijos o amigos. Encontrarlas no le va a llevar apenas tiempo, esta prenda se vende casi en cualquier rincón de la ciudad. Con ocho euros puede llevarse hasta cinco unidades, pero si no sabe qué hacer con tanta camiseta puede pagar dos euros y quedarse sólo con una. El famoso logotipo de I Love New York, que se creó en los años 70 con la intención de promover el turismo en la ciudad, se ha convertido en un clásico y se puede encontrar todo tipo de mercancía con el logo estampado, aunque estas camisetas coloridas siguen siendo el souvenir más popular de Nueva York.

Puesto callejero repleto de camisetas con el logotipo “I love New York”. Istock

8. Una sirenita en Copenhague (Dinamarca). El precio de un desayuno en Copenhague puede asustar a cualquier turista acostumbrado a pagar alrededor de 2,50 euros en España. En la ciudad danesa, la primera comida del día –compuesta, por ejemplo, por un café con leche y unas tortitas– cuesta 12 euros. Partiendo de este gasto, es normal que a uno se le vayan las ganas de preguntar en la tienda de souvenirs qué precio tiene una réplica de la famosa sirenita que se encuentra en el puerto de la ciudad en honor a los cuentos de Hans Christian Andersen. Sin embargo, comprar esta figurita sale mucho más barato que desayunar, por siete euros uno se la puede llevar para no olvidar nunca lo mucho que costaba todo en Copenhague y lo bien que se está de vuelta en casa.

Replicas en miniatura de la sirenita de Copenhague.

9. Cremas dentro de melocotones en Seúl (Corea del Sur). El precio del kilo de arroz en Seúl (más de dos euros y medio) o el del kilo de manzanas (supera los cinco euros) no ponen fácil ahorrar en las visitas a los supermercados de la capital de Corea del Sur. En este país, imperio de la innovación cosmética, es más barato comprar mascarillas o cremas faciales de buena calidad –  envasadas en recipientes con forma de melocotones, osos o naranjas– que reponer el frutero. Un bálsamo labial de alta gama con forma de pera cuesta sólo 9,99 euros, casi lo mismo que volver a casa con unas manzanas y una bolsa de arroz.

Cremas y bálsamos labiales en envases con forma de frutas.

10. Un Oscar en Los Ángeles (EE.UU). A pesar de que a Leonardo DiCaprio le costó un triunfo hacerse con el suyo, en la meca del cine quien no tiene un Oscar –premio más prestigioso dentro de la industria cinematográfica– es porque no quiere. En Los Ángeles uno puede comprarse su propia estatuilla y grabarla con su nombre para después colocarla en el escritorio de la oficina, donde pasará el día escribiendo informes que nada tienen que ver con el trabajo de Hollywood. Sólo tiene que desembolsar 6,20 euros y el Oscar a mejor actor del año será suyo. Mucho menos de lo que le costará refrescarse en una terraza con una cerveza por la que le pedirán alrededor de ocho dolorosos euros.

Reproducciones de las estatuillas que se entregan en los Oscar.

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